domingo, 4 de marzo de 2007

Pale blue dot (II)

Llueve. A mares. Es como si el cielo hubiera decidido tomar cartas en el asunto y ayudarnos a limpiar la mierda de este mundo. Pero como no es más que una cursi imagen “poética”, la mierda sigue ahí. Y yo no sería más que otro ser humano anegado en mierda de no ser por que Carl Sagan, muy elegantemente, eso sí, me ha puesto en mi sitio. Con qué facilidad perdemos la perspectiva de las cosas, sobre todo en lo que se refiere a nuestro papel en esta vida de la que lo desconocemos todo, absolutamente todo excepto que irremisiblemente termina, no importa lo que hagamos.

Entre los 10 y los 15 años experimenté esporádicos episodios de algo que no se me ocurre mejor forma de definir que llamándolo “momentos de trascendencia”. En ellos sentía que mi punto de vista se elevaba y me encontraba en disposición de valorar mi situación con una lucidez fascinante. Estos episodios se desarrollaban no importaba el lugar ni la hora, desde la plena concentración en una clase de latín hasta la relajación más absoluta de mi cama entre la vigilia y el sueño. Nunca fui capaz de determinar su duración, porque era como si todo a mi alrededor se detuviera y empezase a tener una perspectiva aérea de mi entorno más directo. En esos momentos sentía perfectamente la ligereza de nuestra existencia, sentía que no somos nada de calado, que nuestra existencia es algo casual, sin trascendencia, demasiado pequeños para ser tenidos en cuenta dentro del contexto global de lo que sea que nos rodee. Pero a partir de los 15 años, dejé de vivir esos episodios, probablemente coincidiendo con el brote de la adolescencia, en la que el egocentrismo se eleva a la enésima potencia. La madurez y los problemas diarios remataron la jugada.

Con todo esto lo que quiero decir es que el texto de Sagan me llega con especial intensidad y me ayuda a recuperar en cierta manera esa conciencia infantil de pequeñez e insignificancia, que de estar más presente en nuestro día a día nos ayudaría a relativizar y trivializar los problemas que nos acucian.

1 comentario:

josef dijo...

Interesante repaso introspectivo. a mi también me gusta Sagan. Un saludo!